Concluí mis estudios de pregrado y maestría en estudios clásicos con la ventaja de haber podido acceder en línea a cualquier fuente primaria que necesitara. A menudo, esos textos aparecían vinculados con herramientas que hacían más fácil su traducción como, por ejemplo, palabras que se enlazaban directamente con definiciones de diccionario, herramientas para efectuar análisis sintáctico de las palabras, así como vínculos para hacer anotaciones y que conducían a páginas de gramática que explicaban construcciones particulares. Solamente comencé a apreciar la accesibilidad y la facilidad en el uso de esas herramientas cuando me interesé en la historia moderna temprana.

Mi compañero es un historiador del temprano período moderno y como varios de sus colegas se ha enfrentado a una variedad de problemas prácticos para encontrar las fuentes que necesita para sus investigaciones, tales como la dificultad para obtener acceso a ciertos archivos, el costo asociado con viajar a algún lugar durante un período prolongado de tiempo con el fin de investigar y el precario estado de conservación de una gran cantidad de material histórico debido a la falta de financiación adecuada o de pericia. La digitalización ha venido marcando una diferencia enorme en muchos lugares del mundo pues ha hecho el material más accesible, ha reducido la necesidad de viajes de investigación y asegura la preservación de copias digitales en caso de que algo les pasara a los documentos originales.

Pero la digitalización también tiene sus propios problemas. A menudo, la digitalización no hace el material histórico mucho más accesible a los investigadores o al público interesado. Por ejemplo, en el Reino Unido, recientemente hubo mucha algarabía alrededor del hecho de que una nueva base de datos había sido puesta en línea para permitir que cualquiera pudiera consultar millones de testamentos legalizados en Inglaterra y Gales desde 1858, con tal de que los interesados pagaran una costo. Otros sitios web ofrecen bases de datos de padrones de población e información útil para genealogistas, también a cambio de dinero. Y en el mundo académico se han hecho grandes esfuerzos para digitalizar libros impresos antiguos y manuscritos, como es el caso de EEBO (Early English Books Online) y gran parte de la Hathi Trust Digital Library. Se trata de bases de datos cercadas por mecanismos de pago que una universidad pudiente está en capacidad de pagar, pero que excluyen a las instituciones más pobres y al público general, lo cual aumente la brecha de los recursos disponibles a los estudiantes y pone a las personas en desventaja por su capacidad económica.

Existen, por supuesto, muchas excepciones y a diario se efectúa un trabajo maravilloso para que los documentos sean accesibles de forma gratuita, como es el caso de la Polonsky foundation en Oxford, The British National Archives y The British Library (que además lleva a cabo el maravilloso Programa de Archivos en Peligro –Endangered Archives Programme–, para ayudar a otros en la misma misión). En España, el Portal de Archivos Españoles ha hecho accesible un vasto número de documentos conservados en archivos estatales y, en Colombia, el Archivo General de la Nación ha estado publicando material microfilmado en su plataforma web ArchiDoc. Estos tienden a ser esfuerzos de instituciones adineradas o de gobiernos nacionales, más allá de las posibilidades de instituciones más pequeñas o con escasos recursos, especialmente en el mundo en desarrollo.

La razón principal para que esto ocurra es el costo. Digitalizar manuscritos históricos y libros impresos antiguos es costoso y, a menudo, fuera de alcance para muchos archivos e instituciones. Los escáneres para libros que se consiguen en el mercado cuestan decenas de cientos de dólares, tienen que ser operados por técnicos capacitados, el material tiene que ser leído y descrito por expertos, las imágenes deben ser almacenadas en servidores con gran capacidad, lo cual implica un equipo técnico dedicado a esa tarea, y exigen la compra o el desarrollo de sofisticadas plataformas para publicar el material. Los costos siguen incrementándose y resulta completamente comprensible que haya precios altos en este tipo de trabajo: cuesta mucho dinero. Alguien tiene que pagar por él y la carga usualmente recae en el archivo o en quien esté interesado en acceder al material. Este es un factor determinante en por qué solamente aquellas instituciones con alta capacidad de financiación pueden digitalizar sus colecciones. Es algo que queremos cambiar.

Digitalizar archivos históricos en Colombia, de manera sistemática y a gran escala, es un sueño que mi compañero ha tenido desde hace tiempo y que yo he tomado con gran entusiasmo. Hemos estado pensando que debe haber una mejor manera en hacerlo, una manera que en realidad haga que el material sea más accesible, no solo para académicos sino para el público en general. La primera idea surgió de un sitio web iniciado por Daniel Reetz, llamado DIY Book Scanner, una gran comunidad de informáticos, diseñadores y entusiastas que han desarrollado scanners de bajo costo para digitalizar libros. Pronto comenzamos a pensar cómo modificar esas máquinas con el fin de digitalizar material de archivo.

El siguiente estímulo surgió cuando estuvimos con un amigo que estaba trabajando en un archivo que había estado desarrollando un sistema para mostrar y administrar manuscritos modernos tempranos, que sigue siendo la iniciativa más avanzada de su tipo. “Ustedes deberían continuar con un proyecto para usar la plataforma en Colombia”, nos dijo, y la idea de digitalizar archivos en Colombia se volvió más concreta.

Meses más tarde, en Tunja, tuvimos la motivación final que necesitábamos. Estábamos en el Archivo Regional de Boyacá llevando a cabo nuestra investigación y, al final de nuestra estadía, la directora y sus colaboradores más cercanos nos hablaron acerca de digitalización, y nos preguntaron si conocíamos a alguien que estuviera disponible para ayudarles a digitalizar su archivo. Sin dudarlo, dijimos que nosotros podríamos hacerlo. Con nuestros amigos cercanos y colegas, y con un número creciente de voluntarios y patrocinadores, hemos comenzado a trabajar intensamente para lograrlo. En las próximas semanas me gustaría contarles acerca de nuestros progresos.

 

Natalie

Fundación Histórica Neogranadina

The Colombian Archives Initiative

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